miércoles, 23 de enero de 2013

A Santiago en bicicleta 4 (Baleira - Sobrado dos Monxes)

La cuarta jornada de viaje a Santiago fue de esas en las que se suda y se sufre. Era la última de las etapas con un kilometraje importante. Además nos dejaría a apenas unos 50 kilómetros de nuestro destino final. Pero por delante teníamos una jornada larga y a la vez muy vistosa. De nuevo nos volveríamos a salir del camino para trazar el nuestro propio. También llegamos a la ciudad de Lugo y entramos en la provincia de A Coruña. Vamos, que al final el esfuerzo tuvo sus recompensas.

Aquella cuarta etapa nos llevó desde Baleira (Lugo) a Sobrado dos Monxes, ya en la provincia de A Coruña. En total pedaleamos durante 80 kilómetros y ascendimos seis puertos: cinco de quinta categoría y uno más de cuarta. La ascensión acumulada fue de 720 metros y el cansancio de los días anteriores hizo mella en nosotros. Si Myriam lo había pasado mal la etapa anterior, en esta ocasión me tocaba a mi. Tendríamos que tomarnos el trayecto con calma para no acabar de apurar nuestras tocadas fuerzas.

De nuevo, al amanecer y tras desayunar, arrancamos las máquinas

La mañana se despertaba nubosa y por momentos con nieblas bajas

El castillo de Castroverde, localidad donde hicimos la primera parada del día

Se podría decir que la etapa tuvo dos partes bien diferenciadas. La primera, de unos treinta kilómetros, nos llevaría hasta la ciudad de Lugo siguiendo el trazado del camino de Santiago primitivo y la carretera comarcal C- 630. El vial, poco transitado hasta la llegada a Lugo, es más bien ondulante. La segunda parte del recorrido nos condujo por carreteras locales y por la Galicia profunda hasta Friol y luego hasta Sobrado dos Monxes. Este segundo tramo fue mucho más vistoso en cuanto a paisajes y tranquilo en cuanto a tráfico. Eso si, sus constantes subidas y bajadas acabaron machacándonos a fondo.

Una de las subiditas que nos encontramos en la comarcal 630

El Komando Gorteak, posando risueño a la entrada de Lugo

Lo primero que hicimos nada más llegar a Lugo fue acercarnos al centro histórico y buscar una farmacia. Allí pedimos remedio para mi dolor de rodilla, que poco a poco iba en aumento y hacía más fatigoso el pedaleo. A partir de ese momento mi pierna fue impregnada todo el viaje de Reflex. Y hechos los deberes nos fuimos a comer una tapa de pulpo y un par de Ribeiros. Uno no llega a Lugo en bici todos los días....

Tras la parada continuamos con la ruta. Ahora tocaba abandonar el Camino de Santiago. A si que guiándonos con el mapa y con la ayuda de algún vecino, salimos de Lugo en busca del río Miño, que nos acompañaría durante un buen trecho. A partir de aquí rodaríamos por carreteras locales

Siguiendo el Miño por carreteras sombrías y vacías o la sensación de estar perdidos

Cruzando el río Miño a la altura del núcleo de Ombreiro

A partir de entonces los paisajes rurales y bucólicos se sucedieron

Ascendiendo uno de los numerosos pequeños puertos de la jornada

Plantaciones de pinos donde ver o cruzar algún pueblo era toda una Odisea

Hórreos y campanarios barrocos, otras de las señas de identidad gallegas

Una parada en el primer bar que vimos para descansar y repostar cafeina con anís

Ir a Santiago fuera del Camino tiene sus ventajas e inconvenientes. En el camino hay más lugares interesantes y los pueblos están más acondicionado para el peregrino. Por contra, rodar por zonas alejadas del mismo, trae consigo encontrarse con gente menos acostumbrada al viajero. Además, las zonas que se cruzan suelen ser más vírgenes y aisladas. Sin duda, la tranquilidad es otra de las cosas buenas que tiene hacer tu propio camino fuera de las rutas más transitadas.

Muros divisorios tradicionales en las proximidades de Friol, Lugo

Construcción de corte rural a la entrada de Friol, a tan solo 20 kilómetros de meta

Y tras mucho esfuerzo y toboganes llegamos a Friol, pequeña capital de comarca

En Friol hicimos otra pequeña parada. Primero fuimos hasta el cuartel de la Guardia Civil para que nos sellaran la credencial. Pero como estaba cerrado tuvimos que ir a un bar próximo. Allí nos hidratamos, me eché un poco bastante de Reflex para rebajar los dolores de la rodilla y tomamos aliento para la última parte de la etapa. Solo eran 20 kilómetros, pero el cansancio los iba a convertir en una auténtica pesadilla. Por delante aún teníamos el último puerto de la jornada, sin duda el más duro del día.

Solo los paisajes, la naturaleza y las construcciones rurales mitigaban el cansancio

La larga y ondulante carretera de Friol a Sobrado dos Monxes

Y atacando el último puerto del día, que además de ser pendiente estaba en obras

Ganando altura de camino al alto de la Mamoa, frontera natural entre Lugo y A Coruña

La rodilla y el cansancio convirtieron este puerto en un suplicio, por fin, en lo alto

Atravesando lugares perdidos, alejados y como de otra galaxia

Foto conmemorativa en el límite de provincia de A Coruña

Y aquí posando amorosos en uno de los hitos del Camino

En las proximidades del alto volvimos a retomar el Camino de Santiago. Pero en esta ocasión el de la costa, el mismo que habíamos tomado al inicio y que abandonamos la primera etapa. Desde el alto solamente quedaba descender, llanear un poco y también alguna que otra ascensión. Ya muy cerca de nuestra meta de aquel día encontramos un bar en el que hicimos una parada. La cerveza que nos tomamos allí nos supo a gloria bendita. Casi habíamos logrado cubrir la cuarta etapa de viaje. Aunque el cuerpo estaba realemente cansado, la cabeza estaba al 100%. Y más aún sabiendo que Santiago estaba a poco más de medio día de viaje. Ahora la moral pedaleaba más que las piernas.


Una bajada que también fue cansada dado el estado del firme y de nuestro cuerpo

Paisajes interiores de Coruña, porque Galicia es mucho más que costa

El lago de Sobrado, ahora si que estábamos a punto de finalizar la etapa

Llegando al albergue de Sobrado dos Monxes, ubicado en el interior de un monasterio

Un albergue cargado de magia y regentado por transeuntes

Tras la ducha, un paseo por el monasterio ocupado por monjes trapenses

El albergue de Sobrado dos Monxes es un lugar cargado de misticismo y buena onda. Habitualmente uno no duerme en un  claustro con habitaciones repletas de historia y de historias. Pero a parte de su belleza y su historia, que tiene miga, nos reconfortó mucho lo que allí vivimos. Los encargados, por así decirlo, de llevar el albergue son transeuntes y gentes de la calle. Muchos de ellos deambulan por otros albergues donde los trapenses les dan cobijo y comida a cambio de colaborar en las tareas diarias.Muy digno.

Compartiendo la cena con peregrinos llegados de varios puntos de Europa y España

Una última noche mágica antes de llegar a Santiago, ¡esto ya está chupado!!

 En realidad aquella noche fue toda una fiesta. Todos los que allí dormíamos estábamos a uno o días de viaje de Santiago. Para nosotros había supuesto todo un esfuerzo y la alegría era inmensa. Así que os podeis imaginar lo que puede suponer para alguien que lleva un mes cruzando España de Irún a Santiago o para alguien que lleva meses caminando por Europa. Ahora si que si. Santiago estaba a un paso.

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