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sábado, 28 de junio de 2014

Peña Rueda (2.154 metros) por el Cuchillar, Quirós a nuestros pies.

En octubre de 2013 aprovechamos un estupendo día de sol para acercarnos a una cumbre que le teníamos muchas ganas desde hacía tiempo: Peña Rueda. Esta montaña de 2.154 metros de altura es de esas que hay que subir al menos una vez en la vida. Su ascensión es llevadera y las vistas que tiene desde su cima son realmente increíbles. Ya conocíamos esta bella zona de Quirós de otras excursiones, pero hasta entonces no habíamos intentado subir esta mole que habíamos visto desde otras cumbres del entorno. Sin una nube en el cielo madrugamos para realizar una completa ruta en la que hubo bosque, desfiladero, cresterío, pradera y hasta restos de la guerra civil. Una excursión para repetir.

Para comenzar la ruta nos acercamos hasta el pequeño núcleo de Lindes, en Quirós. Allí finaliza la carretera y arranca una ruta que lleva hasta los puertos de Agueira, uno de los rincones más pintorescos de Asturias. Al inicio seguimos esta ruta para abandonarla poco después. Nosotros subiríamos a Peña Rueda por su cuchillar para bajar por la Foz Grande. De esta manera realizaríamos una entretenida y vistosa ruta circular.

Iniciando la marcha en las proximidades de Lindes, Quirós

Los primeros pasos de la ruta, entre las luces y sombras del bosque

 Siempre en continuo ascenso por un frondoso hayedo

La ascensión a Peña Rueda es una ruta asequible por su dificultad y orientación. Está marcada con hitos durante buena parte del recorrido y apenas hay tramos expuestos o peligrosos. Sin embargo se trata de una excursión exigente por su duración. De realizar esta circular, hay que tener en cuenta que uno tendrá que superar cerca de 1400 metros de subida y otros tantos de bajada. La distancia a completar son 14 kilómetros. Vamos, uno de esos días en los que hay que madrugar para pasar el día entero en la montaña y caminando. Lo que viene siendo monte a jornada completa.

 Abandonamos el bosque, seguimos subiendo y mejoran las vistas

 Tras un repecho constante y sin descanso llegamos a esta idílica pradería

 Buscamos el cuchillar, una esbelta y atractiva cresta que nos llevará a la cima

 Peña Rueda es una mole de roca caliza que se levanta prácticamente aislada de otros cordales próximos. De ahí que sus vistas sean realmente llamativas. Es de esas montañas que se ven desde muchos puntos de esta zona de la Cordillera Cantábrica. Así que no es de extrañar que durante la subida uno disfrute de unas panorámicas que llegan desde Picos de Europa hasta más allá de Somiedo. Y desde León hasta el mar Cantábrico. Todo un placer para los sentidos.

En algunos tramos las formas creadas por la caliza erosionada son las protagonistas

 Myriam dándole duro al comienzo del cuchichar de Rueda

 Una pequeña parada para disfrutar de las vistas, Cortes al fondo

 Y el tramo final del cuchillar con toda la cresta ascendida

 Después del esfuerzo estamos prácticamente arriba, es hora de disfrutar del panorama

 La cumbre de Peña Rueda (2.154 metros), ahora si, a tiro de piedra

 Unos cinco kilómetros después de iniciar la ruta llegamos a la cumbre. Allí soplaba algo el viento, así que buscamos un lugar algo resguardado para comer. No muy lejos dimos con unos muros construidos durante la Guerra Civil que servían de trinchera. Desde aquí se divisa toda la zona a vista de pájaro, así que no es difícil entender que éste fuera un lugar estratégico de vigilancia durante la contienda.

Recuperando fuerzas en las alturas cual auténticos milicianos

 Tras el almuerzo, disfrutamos de las vistas de la cumbre: al fondo Picos de Europa

 Y otro vistazo desde la cima, con el Cantábrico a lo lejos

Iniciamos la bajada por el pedrero hacia los puertos de Agueira

 A media ladera tenemos el collado que buscamos a la vista, luego bajaremos hacia la izquierda

 Cruzamos un bosque de acebos, mágico y lúgubre donde los haya

 Los puertos de Agueira, para mi uno de los rincones más impresionantes de Asturias

 Una vez damos con el río lo seguimos hasta entrar en el desfiladero de la Foz Grande

 Ya en el desfiladero el bosque vuelve a ser el auténtico protagonista

 El camino de bajada ya lo conocíamos de otras excursiones por la zona. En constante descenso uno llega entre hayedos a Lindes, el lugar donde habíamos aparcado el coche. Catorce kilómetros y cerca de ocho horas después, damos por concluida una intensa y gratificante ruta. Una excursión para repetir. Como siempre, cerramos la jornada con la merecida cerveza en el bar del pueblo. Otra delicia más.

De camino a casa podemos ver el cuchillar y la cima de Peña Rueda: por allí subimos

Muy contentos por la actividad realizada regresamos a casa pensando que esta zona es tan interesante que habrá que volver. Quizás habrá que atreverse con una invernal...

sábado, 10 de mayo de 2014

Lisboa ~ Asturias a vista de pájaro

Para cerrar los capítulos sobre nuestro viaje a Madeira aprovecharé una serie de tomas que realice durante el vuelo de vuelta. Tuve la suerte de pillar ventana y la mala suerte de no pegar ojo durante el trayecto. Así que me tuve que entretener haciendo fotos desde las alturas. A pesar del incómodo y sucio cristal del avión, conseguí alguna que otra foto decente. Además, al llegar a Asturias nos encontramos la región cubierta de nieve. Todo un regalo de fin de viaje.

Iniciamos esta corta entrada de altos vuelos

 Los ríos portugueses apunto de desbordarse bajo nuestros pies

 Uno de los diversos pantanos que cruzamos de camino a Asturias

 Parque eólico y su entramado de caminos en una de las sierras portuguesas

 Una vez llegamos a la planicie el paisaje y los pueblos cambiaron de forma

 Las nubes cada vez ganando más importancia durante el trayecto

 La última parte del viaje transcurrió sobre las nubes

 Y al llegar a Asturias nos encontramos con esta estampa invernal a mediados de marzo

 Aún cerca de la costa la nieve hacía acto de presencia 

 La autovía cerca de Avilés, muy próximos al aterrizaje

Y una última toma aérea con el pico Gorfolí presidiendo el concejo de Illas

Hasta desde la terraza de casa pudimos disfrutar de la nieve caída

El vuelo fue el broche final a este viaje por Madeira que nos dejó completamente prendados de la isla. Uno de esos destinos a los que si es posible habrá que volver. Y con la misma intención. Nada de sol y playa, mejor caminar por senderos de volcán. Por bosques de laurisilva, por acantilados de vértigo. En fin, por un lugar natural y activo a más no poder.

viernes, 11 de octubre de 2013

Con Pichi de paseo invernal por el Valle del Lago, Somiedo

A finales del mes de enero de este año aprovechamos una visita de nuestro amigo Fernando para llevarlo a conocer Somiedo. La idea era aprovechar una ventana de buen tiempo para ir al monte y así de paso, seguir con la férrea disciplina de las colonias, según el propio Fernando. Así que la noche anterior fuimos comedidos para poder madrugar y aprovechar toda la jornada. Estaba todo listo para disfutar, o sufrir, de un completo día en las montañas de Somiedo. El valle del Lago sería nuestro objetivo.

El plan era acercarnos al Parque Natural para dar un paseo asequible por la nieve. Nuestra intención era llegar hasta el lago, pero las pésimas condiciones de la nieve y el estado de las botas de nuestro compañero de viaje nos lo impidieron. Fernando, Pichi para los amigos, sudó la gota gorda y estuvo a punto de sufrir congelaciones en los pies. Pero también disfrutó, al igual que nosotros, de los paisajes nevados de este valle glaciar que ya recorrimos completamente blanco en otra ocasión. Aquí os dejo el enlace de dicha excursión por si os apetece echar un vistazo:  Blanqueo total en el Valle del Lago (Somiedo)

De buena mañana comenzamos la ruta con todo el valle cubierto de nieve

 Pichi hundiéndose en la nieve desde el comienzo de la caminata

La ruta desde el núcleo de Valle del Lago hasta el Lago es asequible para todos los públicos. Tiene una distancia de unos diez kilómetros ida y vuelta y el desnivel que salva es de apenas 300 metros. Ese día nos encontramos unas condiciones de la nieve bastante malas para caminar sin raquetas. Cada dos por tres nos hundíamos hasta la rodilla. Pichi, con una de sus botas rotas, fue el que peor lo paso.

Los primeros reflejos de la jornada no tardaron en aparecer

 Nuestra ruta transcurrió por el bosque, camino conocido como el de la sombra

Jugando con las formas creadas por la nieve 

 Acercándonos al hayedo del Valle con la montaña siempre presente 

 Los farallones que delimitan el valle glacial envueltos en nubes altas 

 Fernando salvando una pequeña subidita durante el recorrido

Poco a poco fuimos ascendiendo por el camino de la sombra. En un principio pensamos que por este sendero la nieve estaría un poco más dura. Pero todo lo contrario. Caminar por esta zona se hacía por momentos casi imposible. A pesar de todo no decaímos y continuamos hasta llegar al primer teito, tito según Pichi. Allí hicimos un primer descanso y valoramos las posibles congelaciones del pie de Fenando.

Luces y sombras en el valle del Lago, con el Albo Occidental al fondo a la derecha

 Disfrutando de las vistas desde el teito y Fernando como mirando para otro lado


 Toma en blanco y negro del Valle del Lago con el Albo y el pico Rubio presidiendo la estampa

 Panorámica invernal del Valle de Lago por donde transcurre el camino soleado

Tras el pequeño descanso decidimos continuar un poco más. La idea era llegar o acercarnos lo más posible al lago. Primero para que Fernando conociera este lugar ágico y luego para ganar altura y así tener una mejor vista del lugar por el que estábamos caminando. Nosotros todavía aguantábamos, pero Pichi empezaba a perder fuerzas. Sobretodo porque el hielo ya se le iba clavando en los dedos de los pies.

Pichi aullando de dolor cual lobo durante la ascensión por el hayedo

Abriéndonos camino entre el bosque vestido de invierno 

 La peña de la Cueva, una bonita cumbre que otro día atacaremos

 La expedición durante uno de los últimos desniveles que ascendimos


Pichi, cual ávido montañero con la cumbre de los Esperones al fondo 

Panorámica del lugar en el que dimos por finalizada nuestra ruta al Lago 

Cuando llegamos a este punto Fernando no podía más. Sus botas, por llamarlo de alguna manera, estaban prácticamente desechas. El frío se le metía, nunca mejor dicho, por los dedos de los pies. Así que allí mismo, en una cabaña derruida, hicimos un descanso para comer, reponer fuerzas y calmar los dolores de nuestro compañero de travesía. Nos quedamos a menos de un kilómetro del lago, pero dadas las condiciones y las horas en las que nos movíamos, optamos por regresar. Ahora solo quedaba deshacer lo andado.

Nada más iniciar el descenso Pichi volvía a enterrarse en la nieve

 Un último vistazo al entorno próximo al lago, con el Albo Occidental como fondo


 Fernando haciendo de tripas corazón para poder llegar al coche sano y salvo


 Durante la bajada no faltaron las tomas creativas propiciadas por el invierno


 El hayedo del valle aguantando el tirón entre la nieve y la montaña


 Casi sin darnos cuenta, la luz se fue apagando poco a poco


 Y con este ocaso nos fuimos acercando a Valle de Lago, donde teníamos el coche

 Al final, terminamos la ruta prácticamente con la noche cerrada

Aquella noche dormimos como lirones. Sobre todo Fernando después de las penurias que le hicimos pasar. Él sabe que no lo hicimos a posta. Así que confiamos en una nueva visita suya para hacer alguna que otra ruta. Eso si, o se hace sin nieve o con unas botas nuevas.